Aparentemente, sería incompatible pensar que los estudios budistas y contemplativos pudiesen contribuir a un debate sobre la economía. Son dos esferas que parecen divergentes: una relacionada con la compasión, la simplicidad voluntaria y la disminución del sufrimiento y la otra con la búsqueda de la riqueza y el bienestar material. Aún así, las dos esferas se aproximan en un punto común: están diseñadas para conseguir la felicidad. Desde la perspectiva budista, la cuestión principal es si la motivación en los aspectos económicos de la vida está conducida por el beneficio conjunto o el estrictamente personal.

A continuación os dejamos la reflexión de Ernst Fehr y de su Santidad el Dalai Lama, en el marco del diálogo celebrado en Zurich, en el 2010, con un grupo de expertos y estudiosos de diferentes disciplinas (economía, neurociencia, filosofía, práctica contemplativa y empresa). El encuentro fue organizado y presentado por el Mind and Life Institute, con el título de Altruismo y compasión en los sistemas económicos y en él se reflexionó sobre la importancia que tiene la motivación prosocial y el altruismo en los sistemas competitivos, como el imperante en Occidente. Resultado de los debates y conversaciones es el libro Economía Solidaria del que extraemos este fragmento:

Ernst Fehr: Tengo una pregunta que me planteo debido a mi forma de pensar como economista. A los economistas nos enseñan que las preferencias de la gente son las que son. No queremos influenciarlas. Me refiero con “preferencias” a los objetivos y deseos de la gente. Cuando los economistas pensamos en mejorar la sociedad, en hacer del mundo un sitio mejor, pensamos principalmente en cambiar las leyes, en cambiar instituciones, en cambiar reglas, pero no pensamos en cambiar al individuo.
Por ejemplo, muchas personas dicen que la codicia provocó la crisis económica. Sin duda fue uno de los factores que impulsó la crisis; sin duda es una parte de la historia, pero ¿cómo resuelvo el problema? ¿Mando a todo el que sea codicioso a un campo de reeducación para convertirlo en altruista, o cambio las leyes y las reglamentaciones de tal forma que sus deseos codiciosos se canalicen a través de una vía prosocial? Como científico social suelo inclinarme por la segunda opción. Quiero cambiar las leyes, las normas sociales, las reglamentaciones, quiero que el problema tenga una solución colectiva, no una individualizada.
La pregunta que le hago es: ¿cómo lo ve usted desde una perspectiva budista? ¿Qué peso pone usted en cambiar a la gente en comparación con el peso que pone en cambiar la sociedad en el sentido de cambiar las instituciones y las reglas?

Dalai Lama: Pongo el mismo peso en ambas, con el mismo énfasis. Si las personas no cambian en general, no cambian su forma de vivir, su forma de pensar…si eso no ocurre, por muy bonitas que sean las leyes, habrá corrupción de un modo u otro. Uno de mis amigos indios me decía hace poco que ciertas normas federales, y también estatales, están muy bien pero no así su implementación. Quienes se suponen que son responsables de llevar a cabo este trabajo, no lo hacen bien. Por muy bonitas resoluciones que tengamos sobre el papel, si quienes han sido designados para implementarlas no se comportan como debieran, resulta muy difícil.
Y no podemos culpar solamente a esas personas; esas personas proceden de una sociedad en la que no es que se dé mucha importancia al altruismo o a un interés serio por el bienestar de los demás. La gente que viene de una sociedad como esta adopta estos hábitos. Por lo tanto, tenemos que trabajar en los dos niveles, y en la base, en la educación. A menudo discutimos sobre el sistema educativo. Si desde un buen principio, desde los parvularios, creásemos conciencia en los niños, el altruismo acabaría formando parte de sus hábitos. Entonces existiría una posibilidad real de cambiar la sociedad y, finalmente, de cambiar globalmente.”

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