El corazón bondadoso.

 

El corazón bondadosoALGUNOS TERMINOS DE REFERENCIA

 

No sólo somos budistas o cristianos por lo que creemos sino, fundamentalmente, por el modo en que actuamos. Por esto es que hay cristianos más budistas que los propios budistas (en el sentido de que se toman más en serio la práctica de la atención y comprenden más profundamente la naturaleza transitoria de las cosas) y budistas más cristianos que los cristianos (por que no solo hablan de la caridad, por ejemplo, sino que la practican. Y es que lo que realmente cuenta no son tanto las creencias y sutilezas filosóficas o teológicas objetivas como la experiencia y la santidad personales. Podemos tener conversaciones muy interesantes sobre la relación existente sobre la Santísima Trinidad y el Triratna (las llamadas tres joyas del budismo)o entre el dharmak­ayaa­­­­­ y el Espíritu Santo, pero esas discusiones filosóficas no siempre tienen que ver con la con la conducta ni la actitud de los seres implicados.

Es posible determinar la relación existente entre el anityata (la provisionalidad), duhkha (el sufrimiento), anatman (el no yo), dharmata (el estado natural), sunyata (la vacuidad), y tathata (la talidad), y conceptos cristianos tales como la pobreza, el arrepentimiento, la perdida del yo, el Cristo interno, la sencillez, el Espíritu, el misterio, etc…, pero nunca deberíamos olvidar la parábola en que Buda insiste en la necesidad de no disipar en teorías la energía de deberíamos invertir en la práctica espiritual. A fin de cuentas, lo que nos acerca al nirvana no son tanto las certezas filosóficas, como algunos momentos beatíficos que nos acompañan al proceso de la autoindagación. En un determinado relato, el Buda responde del siguiente modo a una pregunta de Malunkyaputta relativa a sus falta de enseñanza sobre cuestiones especulativas: ¿Perderá el tiempo el hombre que ha sido alcanzado por una flecha envenenada en preguntase quién le disparó, donde nació y de que tipo de veneno se trata? ¿No será mucho más adecuado, arrancarse la flecha cuanto antes?

En un determinado momento del Evangelio, Jesús alza sus ojos al cielo y da gracias a Dios por revelar los misterios a la gente más sencilla e indocta y ocultarla a los instruidos y a los sabios. Del mismo modo, San Pablo recriminaba a algunos de los primeros cristianos sus interminables discusiones terminológicas, cuando lo realmente significante es vivir el significado de todas esas nociones. El mismo, según dice, habla del absurdo de la Cruz y evita las discusiones filosóficas con los griegos instruidos. <<Nosotros desmantelamos los sofismas-afirma orgullosamente- y todo lo que aleja del conocimiento de Dios>>.

En este sentido, las visiones cristianas y budistas son fundamentalmente idénticas, pues ambas se basan en la experiencia y en la reflexión sobre la experiencia. Desde ambas perspectivas, cuando uno reflexiona debería asegurarse, al menos, de que lo hace sobre la propia experiencia, no sobre la experiencia de otro, sobre la reflexión de la experiencia de otro… etcétera, etcétera, etcétera.

Aunque no sea posible asimilar el nirvana al reino de Dios, ambos se refieren a un evento que tiene lugar durante la vida, no a una experiencia después de la muerte. Por su parte, aunque la salvación y la liberación tampoco sean sinónimos, señalan un objetivo de la vida humana cuyo logro exige compromiso y perseverancia. Es por ello por lo que pos budistas y los cristianos deberían aprestarse a trabajar “diligentemente” consigo mismos. Los obstáculos y los vicios que deben superar a lo largos del camino –tanto en su propia personalidad como en el karma o pecado colectivo del universo- son conceptualmente diferentes, pero existencialmente iguales. Después de todo, no existe la menor diferencia entre un budista orgulloso o airado y un cristiano orgullos o airado.

Del libro “El corazón Bondadoso” pag 51, dentro del apartado Algunos términos de referencia.

 

EL CORAZÓN BONDADOSO

 

En el pasado, la actividad religiosa solía circunscribirse a los dominios de la celebración o exploración de las propias creencias y rituales. Hoy en día, sin embargo, la apertura respetuosa a otras creencias y rituales ha expandido el ámbito de la actividad religiosa, sin que ello suponga, no obstante, la necesidad de adoptarlas como propias. Y el fruto de esta nueva actitud hacia sensibilidades religiosas desconocidas y hasta desdeñadas como blasfemas por las generaciones anteriores, es el mismo que del resto de las religiones, la compasión y la tolerancia.

Así pues, el diálogo no solo debería hacernos sentir mejor con los demás, sino tornarnos también más conscientes de nosotros mismos y más sinceros con nuestra propia bondad esencial. Y es que, en muchos sentidos, el diálogo nos convierte en mejores personas.

No quisiera concluir este punto hablando en abstracto. El diálogo no solo exige cierta claridad mental y un conocimiento de la propia actitud y de la actitud de los demás, sino que también conlleva un compromiso personal. La objetividad, el desapego y la organización intelectual necesarias para el diálogo, no son fines en si mismo y cualquier relación entre grupos diferentes, debería ir más allá de los motivos ligados al beneficio y la eficacia. De este modo, la apertura intelectual que requiere el diálogo contribuye a eliminar y contener la tendencia natural al egoísmo y nos ayuda a descubrir los niveles más profundos de la conciencia en los que el diálogo abre las puertas a la verdad a través de una experiencia que va más allá de la mente conceptualizada.

Introducción: La presencia  (Pág. 34)